Comprobadores de datos o fact checkers

La comprobación de datos no es novedad para cualquier documentalista de medios – función tradicional donde los haya en esta profesión-, y tampoco, desde luego, para cualquier periodista que se precie.  Está en la base de la documentación periodística, la lleven a cabo periodistas o documentalistas. Sin embargo, la verificación de datos en raras ocasiones se sitúa en el primer plano de la noticia, en el atractivo principal de la información.

Por eso es ciertamente novedosa la tendencia popular de un tiempo a esta parte en medios de comunicación de Estados Unidos conocida como fact checking (es decir, comprobación de hechos o comprobación de datos), casi siempre centrada en la información política.

Hace poco ha estado en boca de la opinión pública norteamericana con ocasión del debate televisado Obama-Romney del pasado 16 de octubre: Romney afirmó que Obama tardó dos semanas en admitir que el embajador en Libia murió el 11 de septiembre a causa de un atentado terrorista, y  Obama replicó insistiendo en que atribuyó aquella muerte a un acto terrorista al día siguiente de los hechos. En ese punto la presentadora Candy Crowley corroboró lo manifestado por Obama, convirtiéndose así en directo en una “comprobadora de datos”. Los medios norteamericanos subrayaron posteriormente en los comentarios al debate el crucial papel como fact checker de la periodista.

Es una muestra. En EEUU se habla mucho, y más en período electoral, de fact checking. Seguramente buena parte de la culpa la tiene el éxito del servicio del diario Tampa Bay Times de Florida denominado Politifact, que fue Premio Pulitzer en 2009, un excelente servicio al que he hecho referencia en diversas ocasiones como todo un referente de producto periodístico novedoso que hace un uso intensivo de documentación. Politifact se ha especializado en analizar las declaraciones y afirmaciones de políticos y comprobar su grado de veracidad, con mención especial para las promesas electorales (véase por ejemplo su fantástico Obameter).

Así explican su cometido [traducción aproximada]: “Cada día, periodistas y documentalistas del Times examinan las declaraciones de los congresistas, el presidente, los secretarios de gabinete, miembros de lobbies, personas que declaran ante el Congreso y cualquiera que dice algo importante en política norteamericana. Tras investigar sus declaraciones, medimos su grado de veracidad en nuestro Truth-o-Meter (medidor)”. El servicio utiliza calificaciones como: verdad, casi verdad, media verdad, casi falsedad, falsedad, y, para los casos más graves, la bochornosa expresión “pants on fire”, sacada de la rima infantil “liar, liar, pants on fire”, que se podría traducir por “mentiroso, mentiroso, cara de oso”.

No solo Politifact, también la web independiente Factcheck.org, servicio de la Universidad de Pennsylvania, o la sección The Fact Checker del diario The Washington Post , famosa por sus “Pinocchio Tests”, en la que obsequian a políticos con 1 a 4 pinochos según el nivel de sus “mentiras”.

La tendencia no es exclusivamente norteamericana, ya que están surgiendo algunos productos de fact checking en países como el Reino Unido o Argentina. Es el caso del argentino Chequeado.com, que tiene como lema “la verificación del discurso político”.

No parece sin embargo que esta tendencia haya llegado como tal a los medios españoles, es decir, con la presencia de servicios o secciones dedicados a tal fin. Esto no quiere decir que no existan buenos ejemplos de artículos en los que la comprobación de datos sea protagonista (una muestra, de El Periódico de Catalunya), pero sí que la “moda” de la verificación de datos no ha llegado aquí.

¿Para cuándo un Politifact entre nuestros medios de comunicación?

Más información en TVE.

Javier Guallar

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